Puebla de Sanabria y Sintra

 


Día 1-

Salida desde Guadalajara con parada para comer el bocata en un paraje de Otero de los Centenos (a 30 km de nuestro destino), a orillas del Río Negro.

 Llegamos nuestro alojamiento en Puebla de Sanabria: Posada Real de Las Misas (si volvemos, nos alojaremos en otro lugar). Es el edificio del fondo:

 Dejamos después el coche aparcado en el Paseo de San Román. Desde la habitación teníamos unas bonitas vistas del río Tera y, al detrás, pasado el puente, a la izquierda, el convento e iglesia de San Francisco, que en la actualidad se utiliza como Escuela de Artes y Oficios.

 Hacía bastante calor y, en cuanto deshicimos el equipaje, nos pusimos los bañadores y pusimos rumbo al Lago de Sanabria. Antes de llegar a nuestro destino, hicimos parada en Galende para ver la curiosa iglesia de San Mamés. Estaba cerrada y no pudimos contemplar su importante ábside románico-mudéjar ni los restos de un pantocrátor románico que alberga en su interior.

 Llegamos al Lago de Sanabria, concretamente a la Playa Viquiella. Se trata de una de las principales zonas de baño, con agua de excelente calidad, de este lago glacial, el más grande la Península Ibérica y de Europa. Además, es el único en la Península Ibérica, junto con el de Banyoles, que posee superficie y profundidad suficientes para ser considerado lago. En las orillas se pueden llegar a observar culebras de agua, anfibios o, incluso, algún desmán ibérico.

Como muchas otras zonas de humedales esconde la leyenda de que bajo sus aguas descansa una población sumergida

 Por la noche cenamos en la Posada Real La Cartera: revuelto de boletus y ensalada Río Tera.

 

Día 2-

Por la mañana paseamos por el pueblo. Visitamos algunos puntos de interés:

·         Iglesia de Nuestra Señora del Azogue. Construida a finales del siglo XII, conserva algunos restos románicos, como los capiteles de la puerta, que muestran una decoración de tipo vegetal o a Adán y Eva tentados por la serpiente. En el interior destacan una pila bautismal con figuras talladas del siglo XIII así como el conjunto de lápidas funerarias que se descubrieron durante unas obras de restauración en 1995 bajo el suelo del templo. A la izquierda de la iglesia, vemos la Ermita de San Cayetano, que se construyó en el siglo XVIII.

 


·         Castillo de los condes de Benavente. Se trata de una fortaleza de amplias torres y un peculiar patio de armas.

Alberga un museo con información y piezas relacionadas con la historia, etnografía y naturaleza de Sanabria y de la Sierra de la Culebra. Así como una curiosa y estrecha sala de actos.


 
Mirador y murallas. Las murallas se construyeron entre los siglos XII y XIII y servían de defensa a un recinto perimetrado por estas y por varias torres.

Ayuntamiento. Su fachada porticada de dos plantas y protegida por dos torreones es de la época de los Reyes Católicos.

    Casa Práxedes. Se trata de una casa solariega de los siglos XVII y XVIII, con blasón en su fachada, que perteneció a una familia ilustre. Recibe este nombre por la relación que este lugar guarda con la estancia que en estas tierras pasó el que fue presidente del gobierno liberal a finales del siglo XIX, Práxedes Mateo Sagasta. 

 Museo de Gigantes y Cabezudos. Sen encuentra en un antiguo edificio de la calle San Bernardo y conserva diez gigantes y 33 cabezudos muy singulares. Desde mediados del siglo XIX, cada 7 de septiembre, estos personajes desfilan amenizando la procesión en honor a la patrona de Puebla de Sanabria.

El chino y la negra datan de 1848, aproximadamente. A principios de la época moderna, se introdujo en el cortejo de las procesiones del Corpus a personajes de otras confesiones para refuerzo del catolicismo. Durante estos actos se engalanaban las calles y las señoritas, llamadas “gigantonas”, lucían sus mejores galas en la cabeza de la procesión.

·        Plaza del Arrabal. En ella se encuentra una fuente de cuatro caños iluminada por tres farolillos, conocida como “El Pilón”.

Estrechas calles de casas empedradas y floridos balcones.

Compramos unos habones sanabreses en Casa Merán.

Cogimos el coche para ir a comer al Parador, donde teníamos reserva. Aprovechamos para acercarnos antes al Mirador de Neveira y la Estación de tren de Sanabria.

En el Mirador de Neveira es uno de los puntos panorámicos más importantes del Parque Natural de Lago de Sanabria. Permite disfrutar de una vista elevada del lago y su entorno.

La Estación de ferrocarril Sanabria es considerada una de las más bonitas de España. Es un edificio de arquitectura propia de la zona, con grandes sillares y tejados de pizarra de varias vertientes. Antes de llegar, en la misma carretera de la Estación, en una zona de casas de piedra, hay un Mirador de Puebla de Sanabria desde el que se puede observar una panorámica diferente de la villa.

 La comida del Parador nos gustó mucho: arroz zamorano con sus encurtidos, ensalada de salmón, pulpo al estilo sanabrés y, de postre, tarta de Sanabria y cañas zamoranas con crema de castañas.


 

 

Por la tarde, nos pusimos de nuevo el bañador y bajamos al Paseo Fluvial de Puebla de Sanabria. Se trata de un paseo de unos 5 km junto al río Tera con unas estupendas vistas de la muralla y el conjunto histórico de la población. Allí echamos una tarde muy buena. Pudimos descansar, refrescarnos en el río y tomar una cerveza artesanal en el kiosko Caparrota.

De vuelta el casco antiguo, tomamos una cerveza en la Taberna de las Ánimas y cenamos en el Bar España: ensaladilla rusa y hamburguesa sanabresa (aquí no repetiríamos).

 Día 3 –

Salimos por la mañana en dirección a Sintra. Compramos previamente viandas para el camino que almorzamos muy rápidamente en una estación de servicio (hacía muchísimo calor) antes de llegar a nuestro destino.

Llegamos al alojamiento: Vilas de Cintra. Una vez descargado el equipaje, dejamos el coche en el Parking de la Avenida Dr. Miguel Bombarda. El apartamento estaba a pie de calle:


Después de dejar las maletas, salimos a dar un paseo hasta el Palacio de Sintra, que ya estaba cerrado. La plaza en que se ubica es muy pintoresca.

 

 Recorrimos la Rúa Ferraria (en una pintoresca zona comercial) y sus alrededores y nos acercamos hasta la Quinta Regaleira, una mansión neogótica que también estaba cerrada.

 


 

Tendremos que visitarla en otra ocasión, teniendo en cuenta que, aunque ponga en las guías que el horario de apertura es hasta a las 19:30 horas, no se permite el acceso después de la 17:30.

Tras este largo paseo, tomamos una sangría acompañada de un rico hummus en la terraza de Loja do Vinho y, después cenamos (teníamos reserva) unos ravioli  all’aragosta y risotto Tartufo e panceta en el restaurante Fatto de Paolo Coelho, que nos gustó mucho.



Día 4 –

Tomamos, junto a la estación de tren, el Bus 434 hasta el Palacio da Pena. Allí sacamos los tickets para las 12:30. Como aún nos quedaba un buen rato para poder acceder, bajamos por el sendero, salpicado de árboles procedentes de diferentes rincones del mundo y hermosas flores, que lleva hasta el Castillo dos Mouros


Realmente, lo que se conservan son las ruinas de un castillo árabe del siglo IX en una cima rocosa rodeada de bosque. Las vistas desde cualquier parte de la muralla son espectaculares.  Además, se conserva una puerta en forma de arco de herradura, restos de casas islámicas y otros espacios que no pudimos visitar porque se estaban reformando.




No hay que perder de vista la flora y vegetación del entorno.


Tirando de zoom se pueden capturar bonitas panorámicas de lugares emblemáticos de Sintra:




Una vez visitado el castillo, volvimos a tomar el bus para el Palacio da Pena. Está considerado uno de los mejores palacios de Europa. Llama poderosamente la atención su fachada de vivos colores, pero también se puede acceder al interior, restaurado en 1910. Fue residencia de la monarquía portuguesa en el siglo XIX.




Antes de acceder a las salas interiores del palacio tomamos unas queijadas que compramos en la cafetería. 





Comimos allí mismo, en el restaurante del propio Palacio (arroz de pato y fussili do mar).


Por la tarde, después de descansar en el alojamiento, nos acercamos a Azenhas do Mar y al Cabo da Roca.

En la localidad de Azenhas do Mar destaca su panorámica de casas blancas asomadas a la pequeña playa. Dimos un paseo para contemplar estas vistas que mereció la pena.



Cabo da Roca, considerado el punto mas occidental de la Europa continental, forma parte de un impresionante Parque Natural. Las vistas son espectaculares; el viento también...






Por la noche, ya en Sintra cenamos en Tasca Boutique das Tapas: tabla de quesos, ensalada de bacalao y unos langostinos en salsa. Después, tomamos una cerveza portuguesa cerquita del alojamiento, en Legendary Café.



Día 5 –

Nos acercamos a visitar Cascais y Estoril.

En Cascais aparcamos en el Estacionamiento Merechal Carmona. Desde allí fuimos dando un paseo hasta la Ciudadela e orígenes medievales. 




Después, paseamos por las calles más pintorescas de la ciudad, muchas de ellas adoquinadas.


Aquí una imagen de la Praia da Rainha:




La Iglesia de Santo Antonio cuenta en su interior con hermosos paneles de azulejos que representan escenas de la vida del santo.


De regreso al parking, entramos al Parque Marechal Carmona, muy bien preparado para la celebración del festival anual Ageas Cooljazz. Allí puedes disfrutar, además, de la compañía de algunos simpáticos seres que pululan libremente. 





En Estoril el aparcamiento nos resultó imposible y hacía mucho aire, por lo que apenas paramos unos minutos a observar la fachada del famoso Casino, emblemático por ser en su día el más grande de Europa. Desde esos mismos jardines, se observa el Castillo de Forte da Cruz, una de las mansiones más bonitas de la ciudad, edificada en el siglo XVII y que se eleva frente a la playa.



La comida la hicimos ya de vuelta en Sintra, concretamente en Villa Craft (bread roll de bacalao, de cerdo y de chorizo, además de buscheta de bacalao, regado todo con unas cervezas artesanas: Rafeira). Estaba rico, a buen precio ¡y además con unas bonitas vistas!



Por la tarde visitamos el Palacio Nacional de Sintra. Nos encantó. Tanto todos los espacios exteriores como los interiores. Es un palacio medieval de origen árabe que fue renovado en el siglo XV al estilo manuelino. Sus salas tienen una rica decoración: la Sala dos Archeiros, la Sala dos cisnes o la Sala das Pegas, cuyas urracas representan los cotilleos de palacio.









Con la entrada del Palacio tienes un café gratis. La pena es nosotros lo descubrimos cuando ya nos lo habíamos tomado y pagado...


Dimos un paseo de nuevo por las calles aledañas y degustamos un rico traveseiro de la famosa pastelería A Periquinha, sentados junto a la iglesia que hay al lado de la Oficina de Turismo y después investigamos un poco las calles que hay tras esta iglesia.


De nuevo, tomamos algo en la terraza de Loja do Vinho (esta vez una sangría y tabla de queso y embutidos, amenizados por un músico en directo). 


Finalmente, cenamos un caldo verde, pasteles de bacalao con arroz y una ensalada de atún en Bacalhau na Vila. Estaba todo muy bueno, pero ¡demasiada comida en una tarde-noche!



Por el camino de vuelta al alojamiento, se aprecian estas vistas del Palacio iluminado:

    

Día 6 –

Por la mañana tomamos un tren a Lisboa Rossio. De la estación caminamos hasta la parada de tranvías de la Plaza de Martim Monitz para tomar el número 28, pasando por la Plaza de Don Pedro IV, con el Teatro Nacional Doña María II, al fondo.


Cuando nos informaron de que teníamos tres horas de espera por delante, decidimos hacer el recorrido a pie. 



Así que, subimos por el pintoresco barrio de Alfama hasta el Mirador de Gracia desde donde pudimos contemplar una panorámica de la ciudad con el castillo de San Jorge y el Puente 25 de abril al fondo. 




Accedimos al la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia. Es considerada actualmente una de las iglesias más bellas de la ciudad. 




A continuación, tomamos un tranvía por el placer de subir a uno de ellos, en este caso cogimos una línea nada turística y nos apeamos en la catedral.




No es una seo muy grande, pero tampoco hicimos una visita completa. Simplemente accedimos para observar su nave principal.

Desde allí, paseamos deteniéndonos por diferentes puntos de interés:

-          Casa do Bico. Con su fachada revestida de piedras talladas, alberga hoy la Fundación José Saramago.



-          Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción Vieja. Templo del siglo XVI de fachada manuelina muy detallada, que tuvo que ser reconstruida después del terremoto de 1775.

-          La emblemática Plaza Comercio, antigua entrada marítima a la ciudad. En la fotografía podemos ver la estatua ecuestre de José I con el Arco de la Rúa Augusta de fondo. 

Desde el Muelle de las Columnas se ve el Puente 25 de abril sobre el Río Tajo.



-          Calle Augusta. Es la vía principal del B.º de Baixa, centro neurálgico de la ciudad repleto de comercios y establecimientos de hostelería. Allí mismo tomamos una caña antes de ir a comer a un peculiar restaurante en el que teníamos una reserva hecha.



La carta del pequeño restaurante UMA es muy escasa. Todos los clientes toman arroz con marisco. Nosotros, de primero, tomamos un salpicón. 




El postre lo disfrutamos en la terraza de Marie Blachèr: como no, un pastel de nata.


En seguida nos pusimos de nuevo en marcha para aprovechar esta corta estancia en Lisboa. Nos acercamos al Elevador de Santa Justa, pero no lo tomamos. 


Subimos a pie hasta el B.º de Chiaro.

Echamos un vistazo desde el mirador que hay en lo alto del elevador. Se puede disfrutar de una panorámica del Castillo de San Jorge, la Baixa y el río Tajo.



Pasamos por el Museo Arqueológico ubicado en el Antiguo Convento do Carmo, por algunas librerías antiguas, como la librería Bertrand, y pudimos saludar a Pessoa sentado junto a la terraza del Café A Brasileira.




Desde allí, continuamos nuestra caminata hasta la Rua da Vica de Duarte Bello, donde vimos el Elevador da Bica

No lo tomamos, sino que preferimos bajar caminando hasta el Mercado da Ribeira, que estaba llenísimo de gente y hacía muchísimo calor.


Y paseamos por la zona. He aquí una muestra de la globalización que nos esperábamos encontrar:


De allí, regreso a la estación para tomar el tren de vuelta a Sintra y cenamos en Incomun: gazpacho de peino, carpaccio y ceviche de bacalao con maracuyá. Nos encantó.


Día 7–

Compramos, en Pingo Doce, unos quesos para regalar y algo para almorzar en el camino de regreso a Guadalajara. Antes de llegar a nuestro destino.


 












 



































 













































































































 

 

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