Puebla de Sanabria y Sintra
Día 1-
Salida desde Guadalajara con
parada para comer el bocata en un paraje de Otero de los Centenos (a 30
km de nuestro destino), a orillas del Río Negro.
Como muchas otras zonas de
humedales esconde la leyenda de que bajo sus aguas descansa una población
sumergida
Día 2-
Por la mañana paseamos por el
pueblo. Visitamos algunos puntos de interés:
·
Iglesia de Nuestra Señora del Azogue.
Construida a finales del siglo XII, conserva algunos restos románicos, como los
capiteles de la puerta, que muestran una decoración de tipo vegetal o a Adán y
Eva tentados por la serpiente. En el interior destacan una pila bautismal con
figuras talladas del siglo XIII así como el conjunto de lápidas funerarias que
se descubrieron durante unas obras de restauración en 1995 bajo el suelo del
templo. A la izquierda de la iglesia, vemos la Ermita de San Cayetano,
que se construyó en el siglo XVIII.
·
Castillo de los condes de Benavente.
Se trata de una fortaleza de amplias torres y un peculiar patio de armas.
Alberga un museo con información
y piezas relacionadas con la historia, etnografía y naturaleza de Sanabria y de
la Sierra de la Culebra. Así como una curiosa y estrecha sala de actos.
Ayuntamiento. Su fachada porticada de dos plantas y protegida por dos torreones es de la época de los Reyes Católicos.
El chino y la negra datan de 1848, aproximadamente. A principios de la época moderna, se introdujo en el cortejo de las procesiones del Corpus a personajes de otras confesiones para refuerzo del catolicismo. Durante estos actos se engalanaban las calles y las señoritas, llamadas “gigantonas”, lucían sus mejores galas en la cabeza de la procesión.
· Plaza del Arrabal. En ella se encuentra
una fuente de cuatro caños iluminada por tres farolillos, conocida como “El
Pilón”.
Estrechas calles de casas empedradas y floridos balcones.
Compramos unos habones
sanabreses en Casa Merán.
Cogimos el coche para ir a comer
al Parador, donde teníamos reserva. Aprovechamos para acercarnos antes
al Mirador de Neveira y la Estación de tren de Sanabria.
En el Mirador de Neveira
es uno de los puntos panorámicos más importantes del Parque Natural de Lago
de Sanabria. Permite disfrutar de una vista elevada del lago y su entorno.
La Estación de ferrocarril
Sanabria es considerada una de las más bonitas de España. Es un edificio de
arquitectura propia de la zona, con grandes sillares y tejados de pizarra de
varias vertientes. Antes de llegar, en la misma carretera de la Estación, en
una zona de casas de piedra, hay un Mirador de Puebla de Sanabria desde
el que se puede observar una panorámica diferente de la villa.
Por la tarde, nos pusimos de
nuevo el bañador y bajamos al Paseo Fluvial de Puebla de Sanabria. Se
trata de un paseo de unos 5 km junto al río Tera con unas estupendas vistas de
la muralla y el conjunto histórico de la población. Allí echamos una tarde muy
buena. Pudimos descansar, refrescarnos en el río y tomar una cerveza artesanal
en el kiosko Caparrota.
De vuelta el casco antiguo,
tomamos una cerveza en la Taberna de las Ánimas y cenamos en el Bar
España: ensaladilla rusa y hamburguesa sanabresa (aquí no repetiríamos).
Salimos por la mañana en
dirección a Sintra. Compramos previamente viandas para el camino que
almorzamos muy rápidamente en una estación de servicio (hacía muchísimo calor)
antes de llegar a nuestro destino.
Llegamos al alojamiento: Vilas de Cintra. Una vez descargado el equipaje, dejamos el coche en el Parking de la Avenida Dr. Miguel Bombarda. El apartamento estaba a pie de calle:
Tendremos que visitarla en otra
ocasión, teniendo en cuenta que, aunque ponga en las guías que el horario de
apertura es hasta a las 19:30 horas, no se permite el acceso después de la
17:30.
Tras este largo paseo, tomamos una sangría acompañada de un rico hummus en la terraza de Loja do Vinho y, después cenamos (teníamos reserva) unos ravioli all’aragosta y risotto Tartufo e panceta en el restaurante Fatto de Paolo Coelho, que nos gustó mucho.
Día 4 –
Tomamos, junto a la estación de
tren, el Bus 434 hasta el Palacio da Pena. Allí sacamos los tickets para
las 12:30. Como aún nos quedaba un buen rato para poder acceder, bajamos por el
sendero, salpicado de árboles procedentes de diferentes rincones del mundo y
hermosas flores, que lleva hasta el Castillo dos Mouros.
Realmente, lo que se conservan
son las ruinas de un castillo árabe del siglo IX en una cima rocosa rodeada de
bosque. Las vistas desde cualquier parte de la muralla son espectaculares. Además, se conserva una puerta en forma de
arco de herradura, restos de casas islámicas y otros espacios que no pudimos
visitar porque se estaban reformando.
No hay que perder de vista la
flora y vegetación del entorno.
Tirando de zoom se pueden
capturar bonitas panorámicas de lugares emblemáticos de Sintra:
Una vez visitado el castillo,
volvimos a tomar el bus para el Palacio da Pena. Está considerado uno de
los mejores palacios de Europa. Llama poderosamente la atención su fachada de
vivos colores, pero también se puede acceder al interior, restaurado en 1910.
Fue residencia de la monarquía portuguesa en el siglo XIX.
Antes de acceder a las salas
interiores del palacio tomamos unas queijadas que compramos en la cafetería.
Comimos allí mismo, en el
restaurante del propio Palacio (arroz de pato y fussili do mar).
Por la tarde, después de
descansar en el alojamiento, nos acercamos a Azenhas do Mar y al Cabo
da Roca.
En la localidad de Azenhas do
Mar destaca su panorámica de casas blancas asomadas a la pequeña playa.
Dimos un paseo para contemplar estas vistas que mereció la pena.
Cabo da Roca, considerado
el punto mas occidental de la Europa continental, forma parte de un
impresionante Parque Natural. Las vistas son espectaculares; el viento
también...
Por la noche, ya en Sintra
cenamos en Tasca Boutique das Tapas: tabla de quesos, ensalada de
bacalao y unos langostinos en salsa. Después, tomamos una cerveza portuguesa
cerquita del alojamiento, en Legendary Café.
Día 5 –
Nos acercamos a visitar Cascais
y Estoril.
En Cascais aparcamos en el
Estacionamiento Merechal Carmona. Desde allí fuimos dando un paseo hasta la Ciudadela
e orígenes medievales.
Después, paseamos por las calles
más pintorescas de la ciudad, muchas de ellas adoquinadas.
Aquí una imagen de la Praia da
Rainha:
La Iglesia de Santo Antonio
cuenta en su interior con hermosos paneles de azulejos que representan escenas de
la vida del santo.
De regreso al parking, entramos
al Parque Marechal Carmona, muy bien preparado para la celebración del festival
anual Ageas Cooljazz. Allí puedes disfrutar, además, de la compañía de algunos simpáticos
seres que pululan libremente.
En Estoril el aparcamiento
nos resultó imposible y hacía mucho aire, por lo que apenas paramos unos
minutos a observar la fachada del famoso Casino, emblemático por ser en su día
el más grande de Europa. Desde esos mismos jardines, se observa el Castillo
de Forte da Cruz, una de las mansiones más bonitas de la ciudad,
edificada en el siglo XVII y que se eleva frente a la playa.
La comida la hicimos ya de vuelta
en Sintra, concretamente en Villa Craft (bread roll de bacalao,
de cerdo y de chorizo, además de buscheta de bacalao, regado todo con unas
cervezas artesanas: Rafeira). Estaba rico, a buen precio ¡y además con unas
bonitas vistas!
Por la tarde visitamos el Palacio
Nacional de Sintra. Nos encantó. Tanto todos los espacios exteriores como
los interiores. Es un palacio medieval de origen árabe que fue renovado en el
siglo XV al estilo manuelino. Sus salas tienen una rica decoración: la Sala dos
Archeiros, la Sala dos cisnes o la Sala das Pegas, cuyas urracas representan
los cotilleos de palacio.
Con la entrada del Palacio tienes
un café gratis. La pena es nosotros lo descubrimos cuando ya nos lo habíamos
tomado y pagado...
Dimos un paseo de nuevo por las
calles aledañas y degustamos un rico traveseiro de la famosa pastelería A
Periquinha, sentados junto a la iglesia que hay al lado de la Oficina de
Turismo y después investigamos un poco las calles que hay tras esta iglesia.
De nuevo, tomamos algo en la
terraza de Loja do Vinho (esta vez una sangría y tabla de queso y
embutidos, amenizados por un músico en directo).
Finalmente, cenamos un caldo
verde, pasteles de bacalao con arroz y una ensalada de atún en Bacalhau na
Vila. Estaba todo muy bueno, pero ¡demasiada comida en una tarde-noche!
Por el camino de vuelta al
alojamiento, se aprecian estas vistas del Palacio iluminado:
Día 6 –
Por la mañana tomamos un tren a Lisboa
Rossio. De la estación caminamos hasta la parada de tranvías de la Plaza
de Martim Monitz para tomar el número 28, pasando por la Plaza de Don
Pedro IV, con el Teatro Nacional Doña María II, al fondo.
Cuando nos informaron de que
teníamos tres horas de espera por delante, decidimos hacer el recorrido a pie.
Así que, subimos por el
pintoresco barrio de Alfama hasta el Mirador de Gracia desde
donde pudimos contemplar una panorámica de la ciudad con el castillo de San
Jorge y el Puente 25 de abril al fondo.
Accedimos al la Iglesia de
Nuestra Señora de Gracia. Es considerada actualmente una de las iglesias
más bellas de la ciudad.
A continuación, tomamos un tranvía por el placer de subir a uno de ellos, en este caso cogimos una línea nada turística y nos apeamos en la catedral.
No es una seo muy grande, pero
tampoco hicimos una visita completa. Simplemente accedimos para observar su
nave principal.
Desde allí, paseamos
deteniéndonos por diferentes puntos de interés:
-
Casa do Bico. Con su fachada revestida de
piedras talladas, alberga hoy la Fundación José Saramago.
-
Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción
Vieja. Templo del siglo XVI de fachada manuelina muy detallada, que tuvo
que ser reconstruida después del terremoto de 1775.
- La emblemática Plaza Comercio, antigua entrada marítima a la ciudad. En la fotografía podemos ver la estatua ecuestre de José I con el Arco de la Rúa Augusta de fondo.
Desde el Muelle de las
Columnas se ve el Puente 25 de abril sobre el Río Tajo.
-
Calle Augusta. Es la vía principal del
B.º de Baixa, centro neurálgico de la ciudad repleto de comercios y
establecimientos de hostelería. Allí mismo tomamos una caña antes de ir a comer
a un peculiar restaurante en el que teníamos una reserva hecha.
La carta del pequeño restaurante UMA es muy escasa. Todos los
clientes toman arroz con marisco. Nosotros, de primero, tomamos un salpicón.
El postre lo disfrutamos en la terraza de Marie Blachèr: como
no, un pastel de nata.
En seguida nos pusimos de nuevo en marcha para aprovechar esta corta
estancia en Lisboa. Nos acercamos al Elevador de Santa Justa, pero no lo
tomamos.
Subimos a pie hasta el B.º de Chiaro.
Echamos un vistazo desde el mirador que hay en lo
alto del elevador. Se puede disfrutar de una panorámica del Castillo de San
Jorge, la Baixa y el río Tajo.
Pasamos por el Museo Arqueológico ubicado en el Antiguo
Convento do Carmo, por algunas librerías antiguas, como la librería
Bertrand, y pudimos saludar a Pessoa sentado junto a la terraza del Café
A Brasileira.
Desde allí, continuamos nuestra caminata hasta la Rua da Vica de
Duarte Bello, donde vimos el Elevador da Bica.
No lo tomamos, sino que preferimos bajar caminando hasta el Mercado da Ribeira, que estaba llenísimo de gente y hacía muchísimo calor.
Y paseamos por la zona. He aquí una muestra de la globalización que
nos esperábamos encontrar:
De allí, regreso a la estación para tomar el tren de vuelta a Sintra y
cenamos en Incomun: gazpacho de peino, carpaccio y ceviche de bacalao
con maracuyá. Nos encantó.
Día 7–
Compramos, en Pingo Doce, unos quesos para regalar y
algo para almorzar en el camino de regreso a Guadalajara. Antes de llegar a
nuestro destino.
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